martes, 13 de marzo de 2007

Jodorowsky habla: Por un puñado de Dólares.

(La Nación Domingo. 04 marzo 2007)

Jodorowsky habla del retorno de “El Topo” y sus nuevos proyectosPor un puñado de dólares
Por más de 30 años, la película favorita de John Lennon no pudo ser exhibida. Ahora, el chileno llegó a un acuerdo con el dueño de los derechos y además prepara un set DVD con tres de sus filmes. Acá el sicomago adelanta la película donde Marilyn Manson y Nick Nolte serán gánsteres jugadores.

Por Al Weisel
Alguna vez, John Lennon dijo que la cinta “El Topo” (1970), del director Alejandro Jodorowsky, era su favorita, y convenció a su representante, Allen Klein, para que la comprara. A Klein también le encantó, tanto así que no permitió que nadie más la viera.
En una entrevista con Roger Ebert en 1990, Jodorowsky dijo que Klein le había dicho: “’El Topo’ es como el vino, se pone mejor con el tiempo. Estoy esperando a que mueras y entonces voy a tener una fortuna”.
La alucinógena película de vaqueros, con la actuación estelar del director como un pistolero vestido con ropa de cuero negro que venga la masacre de los habitantes de un pueblo, se convirtió en un filme “underground” de culto, pero no se pudo ver legalmente –aunque han circulado versiones piratas por más de 30 años–, ya que Jodorowsky y Klein se pelearon.
No obstante, eso finalmente cambió, y ahora se puede ver la cinta en la pantalla grande en una versión remasterizada que se presentó el otoño pasado en el Festival de Cine de Nueva York y se estrenará pronto en Estados Unidos. También van a sacar un paquete de películas en DVD de Jodorowsky, incluidas “Fando & Lis” (1968), “El Topo” y “La montaña sagrada” (1970).
–¿Por qué es que al fin se volverá a sacar “El Topo”?
–Después de casi 25 años de conflicto con Allen Klein, llegamos a un arreglo amistoso. Hace unos meses fui a Nueva York a remasterizar “El Topo” arreglando el color. Hice un trabajo espléndido con Robin, la hija de Allen Klein. El DVD incluye tres de mis mejores películas –”Fando & Lis,” “El Topo” y “La montaña Sagrada”, con dos horas de cintas extras, imcluida la primera que hice cuando tenía 24 años, que estaba perdida. La película es una historia de Thomas Mann, una pantomima titulada “The tide” Hay entrevistas y comentarios.
–¿Cuál fue el conflicto con Allen Klein?
–Él quería que yo hiciera una película y yo no, así es que me escapé. Entonces dijo: “Si te escapas así, nadie volverá a ver tu película”. Peleamos durante muchos años, y repartí videos del filme. Sin embargo, después de todos estos años hablamos por teléfono y nos dimos cuenta de que estábamos gastando demasiado dinero, porque no nos odiamos. Hicimos las paces. Así es que fui a ver a mi antiguo enemigo. Cuando abrió la puerta me dijo: “Estás hermoso. No eres un monstruo”. Yo le dije: “Tú tampoco eres un monstruo, eres como un maestro espiritual”. Ahora somos viejos. Han pasado 30 años. Así es que ahora somos amigos... Tu mejor amigo siempre es tu peor enemigo.
–¿Qué tipo de trabajo tuvo que hacer para remasterizar las películas?
–Tienen una máquina nueva para [hacer] los colores que quería. En aquel entonces, la técnica no era tan perfecta. También, algunas tomas que eran oscuras son claras, y a tomas estáticas les di movimiento. Ahora están perfectas. Por primera vez en mi vida tengo la película como a mí me gusta. Hice lo mismo con las tres cintas. La primera era en blanco y negro, así es que no hubo problema, pero “El Topo” sí fue un problema porque el color estaba mal. Y “The holy mountain” es como una pintura.
POETA POBRE
–A John Lennon le gustaba mucho su trabajo.
–Estoy muy agradecido con él porque cuando llegué a Estados Unidos con “El Topo”, las grandes compañías dijeron: “No sabemos cómo estrenar eso. Es tan diferente”. Era imposible exhibirla. Entonces, una persona se la enseñó a John Lennon y le gustó, así es que la exhibió con su película con Yoko Ono [y] el público vio mi cinta. La empezaron a pasar a medianoche, la primera vez que exhibían una cinta a esa hora, lo que comenzó las películas de medianoche, filmes como “Pink flamingos” (1972). Llamaron a eso “misa de medianoche”. Al año, Allen Klein compró la película. John Lennon se lo recomendó y dijo: “¿Por qué no le das dinero para que haga lo que quiera?”. Klein me dio un millón de dólares. Para mí era enorme, para ustedes los estadounidenses era nada. Hice una película enorme en México con ese dinero, “La montaña sagrada”. En ese entonces, nadie la entendió, y nunca se estrenó. Ahora, Marilyn Manson admira esa cinta. Se inspiró con ella e incluyó fragmentos en su video (“The dope show”, 1998).
–De hecho, hizo la ceremonia del matrimonio de Manson.
–Sí, quiso que oficiara la ceremonia como el personaje del alquimista de “The holy mountain”. Le dije: “Mire, señor Manson, han pasado 20 años o más. No tengo el traje”. Así es que cuando llegué a Irlanda para casarlo, me estaba esperando el traje. Ése era su sueño. Ahora ya se puede entender la película.
–¿Cuál era la película que Allen Klein quería que hiciera?
–Quería que hiciera “The story of O”. No quería hacer algo sexual. Soy feminista. No quería hacer una cinta sobre una mujer que es esclava. Cuando hice “El Topo” era un machista sudamericano. En “La montaña...” comencé a avanzar con las mujeres en la película; me di cuenta de que no podía tratar a las mujeres de esa forma. Estaba avanzado para mi época. Allen dijo: “¿Por qué no quieres hacer esa película?”. Así es que me escapé. Tenía razón de enojarse, desde su punto de vista como productor, porque metió mucho dinero en “El Topo” y “The holy mountain”, y cuando quiso hacer un gran negocio conmigo me escapé.
–Alguien que vea estas películas por primera vez, ¿qué debería saber?
–Que soy un artista. Hoy en día, las películas no las hacen artistas, las hacen compañías y las producen multinacionales. Se ha perdido el arte en el cine. Ahora, cuando artistas hacen cintas, las hacen para los museos. Pero para mí, los museos son cementerios. “El Topo” es una película de vaqueros y “La montaña sagrada” es de un alpinista, sobre escalar montañas. “El Topo” es una película moderna. No envejece. Y “La montaña...” lo será en su momento, en diez años.
–¿Cuál es su siguiente proyecto?
–Se llama “King shots” y es una película de gánsteres. Hay muchos actores que quieren participar en ella. Marilyn Manson interpretará el papel de un Papa de 300 años de edad. Nick Nolte me llamó y dijo que vio “Santa sangre” (1989). Manifestó: “Quiero trabajar con usted.” Le dije: “¿Cómo le pago?”. Y respondió: “No importa eso”. Quiero rodar en Rumania y en el desierto en España, donde Leone filmó sus películas. Se desarrolla en un casino en medio del desierto, y todos los gánsteres llegan a jugar y encuentran en el desierto el esqueleto de un gigante tan grande como King Kong. También quise hacer una cinta titulada “Abel Cain”, que era el hijo de “El Topo”, pero no pude conseguir el dinero. Muy cara. Sabe, soy un poeta pobre que trata de hacer películas artísticas, personales. No soy una multinacional. Pienso que mis filmes son una especie de elixir que puede cambiar la mentalidad para bien. Odio las cintas en las que uno entra tonto y sale tonto, sin cambios. Con las mías quiero cambiar la forma en la que se percibe el mundo.
Premiere
(The New York Times Syndicate)
“Santa Sangre”, está rodada en México. En ella aparecen sus hijos Cristóbal y Adán y narra la vida de un niño circense que ve cómo su padre corta los brazos de su madre.
“El Topo”, es un western ya de culto, para todos los seguidores del psicomago. Conocida también por los halagos que John Lennon le brindó a la cinta.
En “La Montaña Sagrada”, Jodorowsky invita a participar a Orson Welles y Salvador Dalí, pero éste cobraría 100 mil dólares por cada hora de filmación.

lunes, 26 de febrero de 2007

Raúl Ruiz habla de su obra sobre Violeta Parra

(La Nacíon Domingo. 25 febrero 2007)

"Chile se afeita con los ojos cerrados"

Estuvo en el país buena parte del verano grabando “Recta provincia” para TVN. En esta conversación con el taxidermista Antonio Becerro, se pasean por el oficio cinéfilo, las “tetas de Chile”, el Transantiago, los rituales mínimos y sus nuevos proyectos, que incluyen un filme sobre Gabriela Mistral.



Por Antonio Becerro
Raúl Ruiz siempre llega en viajes relámpagos que tienen al menos tres objetivos: ver a su santa madre, conversar y beber con sus amigos -“no vaya a ser cosa que piensen que estoy muy famoso”, advierte-, y rodar películas baratas con los recursos que recorta de sus grandes producciones en Europa.
El artista mayor del cine chileno se bate a la perfección con las técnicas digitales, pero confiesa que goza filmando a la antigua, con tambores de película.
Esta conversación comenzó hace un año, en el ya desaparecido café Lancelot, en plena Providencia, rodeados de micros amarillas; luego siguió en El Parrón, y, entre viajes del cineasta, se ha ido complementando en encuentros furtivos, diálogos telefónicos entre Santiago y París, y no pocas conexiones telepáticas a propósito de la revisión de cintas y textos con alumnos de La Perrera.
-Así es que sigues disfrutando con el celuloide.
-Lo que pasa es que la materia es distinta al digital. Es como el paso del fresco al óleo.
-La textura y el campo de profundidad son distintos.
-Exacto. La fabricación misma te lleva a rituales diferentes y hoy sabemos que los rituales, no sólo en el arte o la ciencia, sino en toda la vida, son más importantes de lo que la gente creía. Nuestra generación los rechazó porque se negaban todas las formas convencionales. Pero ahora sabemos que, si un caballero saca a pasear un perro todos los días a las 6 de la tarde y por alguna razón se le muere o le prohíben sacar a su mascota, en ese minuto se destruye todo un ecosistema. Si se perturban los rituales cotidianos, como almorzar, comer, abrir la ventana o fumarse un cigarrillo, se altera todo. Y el cine está lleno de rituales, es casi como ir a misa todos los días.
-Te refieres desde producción hasta…
-... Todo. Desde que empezó a funcionar la maquinita, todo es ritual y no nos damos ni cuenta. Hay toda una teatralidad. Hay que tener luz, cámara, acción, corten, toma 4, toma 5, comentarios. Todo eso tiene más importancia de lo que se creía. Lo que tienen algunas películas que a mí me gustan es que el sistema completo funciona. Se crea una especie de organismo vivo. Por eso una de las últimas frases que repito mucho es “tú tienes que ver una película tanto como ella te ve a ti”. Mira a (Roberto) Rossellini. Si empiezas a analizar, todo es malo, menos la película.
-Eso me pasó con “Días de campo”. Como todos los actores de televisión, Francisco Reyes pareciera que tiene una receta. Son siempre los mismos en todas sus teleseries, es como si estuvieran en una fiesta de disfraces. Sólo se cambian de nombre y vestuario. A diferencia de otros actores, como el que hacía al personaje que estaba desaparecido…
-Rubio, (el cineasta Ignacio Agüero).
-Ese. Él es totalmente convincente.
-Sin tratar de reducir el tema a fórmulas, una de las primeras cosas que aprendí en cine es que, si usas a un no actor, debes rodearlo con actores. Y, en la medida que los actores son generosos y no lo aportillan, comienzan a hacer actuar al no actor. Entonces, cuando el no actor se mete en confianza, actúa mejor que los actores.
-Andrés Pérez decía lo mismo.
-Andrés hizo una excepción al trabajar en muchas películas mías. Acá se pasó una, pero nadie se dio cuenta. Es la única en que él actúa como personaje. Él decía “no entiendo nada, pero igual tengo ganas de llorar”. Una buena manera de decir quizá que las emociones están desplazadas. O sea, si alguien se muere, por ejemplo, la emoción no está ahí y viene como dos horas tarde. Según la versión freudiana, las condensaciones, como conclusión química, se producen lejos del lugar donde debieran producirse porque crean una especie de efecto, llamémoslo orgánico.
VIOLETA NN
-Disculpa que salpique un poco. ¿Cómo ves el cine gringo? Esa es la industria dominante por estos lados.
-Puede ser bueno, tal como se fabrica un auto, una computadora. La parte artística está confinada al design, al estilo. Es una variante de la fabricación de las modas, la variante de la publicidad. Curiosamente, igual resultan cuestiones interesantes. Te puedo poner de ejemplo a un conocido, (Steven) Spielberg. Él controla todo. Es cierto que tiene un gusto de devorador de hamburguesas, pero la imagen de alta velocidad o de un tren en llamas que pasa te hacen olvidar un poco la terrible actuación.
-Uno de tus próximos proyectos será rodar la vida de Violeta Parra. ¿En qué formato filmarás?
-En el formato chileno: digital, sin plata y con los precios de acá. Estará basada en un libro (“Violeta se fue a los cielos”, de Angel Parra). Seré lo más púdico posible. Es un certamen de honor. A alguien se le ocurrió por ahí que yo era el único que podía hacerlo porque trabajo con pocos recursos. También filmaré a Gabriela Mistral.
-A algunos de tus colegas chilenos les molesta precisamente que vengas a realizar cintas con tan poco dinero
-Ninguno de mis colegas en Chile podría vivir como yo vivo.
-¿En qué sentido?
-Es decir, vivir sin empleada, sin auto, sin jardinero. Vivir como cualquiera.
-Nosotros sabemos la envergadura de Violeta Parra, pero ¿quién determina que su arte se remita a lo folclórico o a lo popular en un sentido peyorativo, de segunda categoría?
-Mira, Gabriela Mistral postula que el folclor es internacional y que un profesor debe aprender a contar cuentos, pues, de lo contrario, no sirve de nada.
-¿Quién interpretará a Violeta en tu película? Te advierto que una parte de los chilenos estamos cansados de los rostros de las telenovelas y la farándula.
-Falta para definir eso, porque la película se hará en la primavera de 2008, pero creo que de todas formas será un rostro no conocido. Con respecto a la farándula, te respondo que es un fenómeno mundial y que todos quisiéramos estar allí, en esa fiesta.
LAS TETAS DE CHILE
-Mirado desde la distancia, ¿hay alguna unidad estética en Chile?
-Hace diez años, te habría dicho que no, que Chile es un país sin cualidades. Así le pusimos en las conversaciones nocturnas de los años 60. Nosotros pensamos en Chile y en América Latina como un continente sin cualidades. En ese sentido, Chile no era una manera de ser, sino un receptáculo de muchas maneras de ser, como todos los países con mucha migración. Chile tiene poca migración, pero mucha inmigración cultural. Se escucha de todo: hay chilenos que leen una novela de William Faulkner, una de Graham Greene, una japonesa, una hindú. Eso hace que estén en una especie de cultura de visitante.
-¿Provoca alguna nostalgia Chile?
-Nostalgia no es la palabra. Me siento medio perdido. Todos mis puntos de referencia han ido desapareciendo. Los últimos eran ciertos bares, como el del Hotel Carrera o el Derby. Muchos desaparecen y otros reaparecen, como El Parrón. Estoy hablando de mis ecosistemas, que son los bares y restaurantes. A mí se me plantea un problema hasta cuando les cambian el uniforme a los Carabineros.
-Este verano, el ecosistema entero de los santiaguinos se remeció con el Transantiago.
-Algo alcancé a ver, pero igual me quedo con los nuevos buses; los amarillos eran demasiado Fórmula Uno.
-Jean-Luc Courcoult los usó como escombros urbanos para el montaje de su Muñeca Gigante.
-¿Te acuerdas de las micros anteriores, esas que tenían trompa y eran de colores? Andrés Pérez tenía una; me dijo que cuando chico le tocó viajar mucho en micros llenas, así que, apenas pudo, se compró una para él solo.
-¿Tienes algún interés en volver a Chile?
-Estoy volviendo, pero tampoco regresaré completamente. Es bueno estar abierto. Desde que se inventó el avión, el problema del exilio cambió de intensidad. Lo mismo ocurre con Internet.
-¿Te manejas con Internet?
-No. Pero Valeria (Sarmiento, su mujer) sí lo tiene: ya está dentro de la casa. Hace algunos años, habría sido causal de divorcio. Lo que sí sé es que los nuevos virus son uno de mis temas preferidos. Cuando envejeces, las enfermedades son la metáfora de todas las cosas. Yo he estado intentando reemplazar la noción de alma por la noción de enfermedad.
¿ESA ES LA MONEDA ABUELITA?
-En el último tiempo, hiciste varias cosas en Chile: una obra teatral, un radioteatro, más películas, pero igual algunos quedamos con gusto a poco. Es como si Raúl Ruiz no existiera. Nadie lo cita o habla de su obra.
-Yo diría que los que deberían ser mis hijos, los hijos de mi generación, se fueron a esa mezcla de crítica abrupta, de farándula y política. Pero, de todas maneras, me parece que los nietos se parecen más a la gente de mi generación. Otra cosa a considerar es que, si bien esos padres pertenecen a la generación cínica, no son cínicos, sino los que triunfaron. Los pitucos de mi época decían no había nada peor que el roto acaballerado. Pero agregaría que hay algo igualmente inquietante, que es el caballero arrotado, que se puede encontrar detrás de todo el espectro de los medios de comunicación, desde los estelares televisivos al “The Clinic”.
-¿Algún ejemplo?
-Muchos titulares tendrían problemas en Estados Unidos con la segunda enmienda de la constitución. En cualquier país civilizado, toda alusión homofóbica o peyorativa es sancionada.
-Pero burlarse del otro es parte de la crueldad humana.
-Sí, pero voy a citar a mi filósofo preferido, Waldo Rojas, que es mi vecino: “Ninguneo y chaqueteo son las dos tetas de Chile”, dice, recordando a un ministro francés que asegura que la agricultura y la ganadería son las dos tetas de Francia.
-¿Qué impresión tienes del Chile actual?
-Chile nunca fue muy distinto: mucho ninguneo y harto chaqueteo.
-Me refiero, por ejemplo, a que haya una mujer Presidenta.
-Era hora, ¿no? En Francia ya tuvimos a Juana de Arco.
-Vuelvo a salpicar. Lo que pasa es que estoy pensando en el futuro. ¿Qué sugerencia les podrías hacer a los creadores jóvenes que tratan de vivir de los concursos públicos y las postulaciones al Fondart?
-Simplemente, que no crean en tonteras, porque Chile se afeita con los ojos cerrados.
-Buena esa Raúl, algunas de tus respuestas me perturban, pero en fin. Ya que estás en la onda biográfica ¿harías un filme sobre Pinochet?
-No, por ningún motivo. Te recuerdo que yo he pasado más de 16 años sin darle la mano a un militar.
-¿Te sorprendió su muerte?
-No, él ya estaba muerto. El caso estaba cerrado. Lo que sí me llamó la atención fue la actitud pudorosa, hipócrita, de los países que provocaron el golpe. En 1969, yo hice la película “Militarismo y tortura”, porque antes del 73 Chile ya vivía una especie de violencia chica. La falta de previsión nos pilló a todos. Recuerdo que un francés me dijo: “Por la módica suma de tres mil y tantos muertos, Chile se ganó la fama de soportar una de las tiranías más brutales del mundo”. No sé, pero yo siento que puede bastar una sola muerte para evidenciar la existencia de una dictadura.
-Volvamos a las técnicas del cine. En La Perrera inventamos un rudimentario mecanismo de filmación y le pusimos Efecto Ruiz, que es cuando la cámara se mueve con toda la realidad. Lo copiamos de “El tiempo recobrado”.
-Es divertido, porque tiene que ver con todo. En (Jean) Cocteau siempre se está moviendo todo el proceso. Hay que distinguir claramente las maneras de pensar en Oriente y Occidente. Según algunos teóricos, los occidentales creen que existe la creación, o sea, que las cosas tienen un comienzo y un fin. Los chinos, en tanto, ven que todo se integra a un proceso. El cine tiene que ver más con esa actitud. No deja de ser una casualidad que el único cine que hoy inventa como cine nacional es el cine chino, de Taiwán y Hong Kong.
-Recordé tu concepto de que cada toma puede ser una película. El otro día, cuando iba en micro frente al palacio de gobierno, escuché a una abuelita que le decía a su nieta: “Mira, esa es La Moneda”. Y la nieta le respondió: “¿Y por qué no es redonda?”.
-Qué bonito. Voy a citarte, porque es una muy buena manera de definir lo que yo trato de hacer. Yo me paso preguntando cosas de ese tipo. Ya sabes, me preocupa que el caballero pasee todos los días con su perro.